Anoche estuvimos en casa de Noisecell jugando a un juego de mesa que se ha comprado recientemente: un juego de cartas llamado Érase una vez. Consiste en crear una historia a partir de las cartas que te toquen, tratando de ser el narrador y de guiar la historia hacia el final que te haya tocado en las cartas. Pero no es fácil, porque los demás jugadores te pueden interrumpir, arrebatarte el papel de narrador, y cambiar la historia para guiarla hacia sus finales.
Como no podía ser de otra manera, nos viciamos cosa mala. Alf, Balky, Noisecell, Ki y yo echamos anoche nada menos que cinco partidas, que se saldaron con dos victorias de Noisecell, una de Alf, una de Ki, y una mía. Como se supone que los cuentos son similares a los de hadas, mi final no les gustó. Pero creo que es un final sumamente vicisitúdico y por eso estoy orgullosa.
Conseguí que los personajes (el hijo aspirante a caballero de una anciana sacerdotisa, y un cazador armado con un arcabuz, que a saber qué iría a cazar con eso) mataran a un terrible monstruo que no se sabe si era feo o no, con el objeto de casarse y vivir felices para siempre. El primer matrimonio gay del reino, creo yo, y además entre un adulto y un muchacho adolescente.
Alf y Balky dicen que no es un final muy propio de cuentos de hadas. Qué sabrán ellos.